The Good Place: ¿Una ética para nuestros tiempos?

FICHA TÉCNICA:

Título: El Buen Lugar Título original: The Good Place Año: 2016 – Actualidad Creador: Michael Schur Producción Ejecutiva: Michael Schur, David Miner, Morgan Sackett y Drew Goddard Canal: NBC / Netflix Protagonista: Kristen Bell, Ted Danson, William Jackson Harper, Jameela Jamil, Manny Jacinto y D’Arcy Carden País: Estados Unidos Duración: 23 minutos por capítulo

Formato: Serie / Comedia

Calificación: 3.9 de 5

Dónde lo veo: Netflix

ADVERTENCIAS:

Nivel de spoiler: 1

Clasificación: +13

Kant dijo alguna vez: “Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal.”

Con esto, Kant formulaba una ética formal, es decir, independientemente de sus contenidos (llámese: religión, ideología, etc.), ésta pueda ser capaz de regir el obrar humano en todas sus manifestaciones. Por ejemplo, estás dudando entre robar y no robar un artículo de una tienda, aplicas la lógica del imperativo: ¿Robar un artículo de la tienda, podría ser válido para todos? La respuesta, obviamente, es no. Porque si todos robáramos, ¿cómo se podría sostener un orden social? Lo mismo pasaría con “asesinar”, “infringir las leyes de tránsito”, etc.

Pero en la vivencia cotidiana, el problema es que muchos a pesar de tener la respuesta correcta frente a un dilema moral, obran contrariamente. Ahora imagínense un lugar donde no obrar éticamente bien, tengan consecuencias realmente de dimensiones cósmicas. Les propongo esta situación particular: Hay chica rubia llamada Eleanor Shellstrop que pone la basura debajo de la alfombra por pereza, y de pronto, como si el Universo clamara justicia por este acto incorrecto, comienza a llover esa misma basura pero multiplicado por todos los habitantes de esa ciudad, se ha aplicado el Imperativo Categórico antes mencionado. El efecto es catastrófico, increíble pero real en un lugar llamado The Good Place.

Ése es el nombre de la serie que hoy presento. El Buen Lugar creado para aquellos que han llevado una vida honesta y solidaria con los demás y que al morir, tienen el derecho a una vida en paz y armonía en un vecindario que está poblado de buenas intenciones y acciones virtuosas.

Pero, ¿qué pasa si por un error del sistema a El Buen Lugar, llega esta rubia Eleanor Shellstrop que ha tenido una vida egoísta, mezquina, deshonesta y frívola? Las consecuencias, como vimos anteriormente, no pasarán desapercibidas y cada situación, en clave de humor, será oportunidad para reflexionar sobre nuestro obrar ético.

Pero cabe aclarar que la serie no es sólo un desarrollo de la ética kantiana del deber sino un discurrir amplio sobre lo ético en general: ¿qué motiva realmente mis actos?, ¿qué sentido tiene servir al otro?, ¿uno debe salvarse a uno mismo y pensar en el prójimo como un enemigo, o peor al decir de Sartre, un infierno?

El trasfondo de la serie no es ni el Cielo ni el Infierno post mortem. Es discurrir acerca de la naturaleza humana en clave de sospecha. ¿Sospecha de qué? De que el hombre, a pesar de estar satisfecho y tener las condiciones necesarias y suficientes para vivir en paz, sea realmente como dice Hobbes: “Homo homini lupus” (El hombre es lobo para el hombre).

La sospecha queda abierta. No hay respuesta categórica. De hecho, hay una línea de la serie que apuesta por la bondad del hombre como posibilidad de abrirse a los demás y en eso, encontrar la felicidad. Pero nada es explícito sino sugerente, y de ahí la riqueza de sus múltiples lecturas, y el derecho ganado de ser recomendada.

La serie no es apta para aquellos que no saben separar el trigo de la cizaña. No esperemos una serie moralizante y edificante pero sí una que permita pensar una ética para nuestro tiempo. Las conclusiones quedarán en nosotros, que como espectadores también somos creadores de la serie.

En un tiempo donde el dogmatismo cercano al fundamentalismo no necesariamente religioso sino también ideológico (véase LGTBI o “Derechos Humanos” – aclaro: a veces para no herir susceptibilidades), es urgente saber dialogar en un espacio donde las verdades están desestimadas como directrices para la vida y el terreno que pisamos nos hunde por encima de los tobillos. Dialogar en el único terreno firme que nos da la razón. Porque si esta sociedad tiene una salida, es el dialogo bajo los límites de la razón como diría el Maestro Kant, y no de la imposición, de la violencia, ni tampoco… de la estupidez, perdón, de la irracionalidad.

* Este artículo está escrito en referencia a la Primera Temporada.

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Al final, no somos tan diferentes… Residentes

FICHA TÉCNICA:

Título: Residente Título original: Ibídem Año: 2017 Director: René Pérez Joglar Producción: René Pérez, Marc de Beaufort, Kacho López Editor: Rebecca Adorno Fotografía: Alexandra Posada Música Original: René Pérez Protagonista: René Pérez Joglar País: Puerto Rico – Estados Unidos Duración: 96 minutos

Formato: Documental

Calificación: 3.7/5

Dónde lo veo: Netflix

ADVERTENCIAS:

Nivel de spoiler: 0

Clasificación: ATP

La primera vez que vi a René Pérez en vivo fue un sábado 11 de diciembre de 2010 tocando con Calle 13 en Plaza de Mayo (Buenos Aires) y mi impresión fue la siguiente: “Este tipo se da rebelde pero es evidente que Sony controla su producción y que Adidas lo auspicia para sus conciertos”.

Han pasado casi 8 años de ese primer encuentro y hoy presento Residente, el documental de René que a partir de un análisis de ADN, identifica sus raíces y va en busca de ellas. El resultado es un viaje de 2 años por países tan disímiles como Rusia, Ghana, Armenia, Georgia, Osetia, China, Burkina Faso, Níger, Serbia, España, Inglaterra, Estados Unidos y, por supuesto, Puerto Rico.

Todo viaje es crecimiento y fortaleza. Éste también lo es. Un viaje íntimo como creativo, emocionante y reflexivo, que nos abre mundos desconocidos y los ya conocidos se nos presentan con un halo de pureza nunca antes visto. Y todo gracias a la sensibilidad artística de un René Pérez Joglar irreconocible para mí.

Yo creo que la calidad del documental está, como en el vino, en el tiempo que se ha tomado para elaborarlo. Dos años recorriendo el mundo, mirando, charlando, aprendiendo, meditando, creando. Es un documental que destaca por su reflexión profunda y sensible, y eso sólo se llega con la maduración que te da el tiempo.

René, por fin, se siente un residente porque se da cuenta que no hay fronteras, cuando hay buena voluntad y transparencia. Y es eso lo que se ve en el documental, un artista comprometido con la cultura que va habitando a través del lenguaje universal de la música que es “terapia” y  “sanadora”, “une un país o un continente.” No se necesita pelear, se necesita “música para sanar a la gente, para crear”. “Música para producir alegría”. Estos son algunos de los argumentos que se barajan en el documental a propósito de la música como elemento conductor entre los hombres.

Residente es una apuesta, una aventura, es decir, sin rumbo cierto, pero con un propósito parecido a una obsesión que no es otra que la búsqueda de la paz mundial, sí, paz mundial, leyeron bien. ¿Pretencioso? No, si entendemos la filosofía detrás de esa obsesión:

Dentro de los grandes momentos – dice René – todos somos igual de pequeños. Sintiéndonos así de pequeños, somos capaces de admirar con mucha más precisión la inmensidad de todo lo que nos rodea, somos capaces de trabajar en equipo para tejer algo infinito.

Consciente de esa pequeñez, se puede llegar muy lejos. Todos pueden aportar algo para la paz mundial. Mientras más nos acercamos, las diferencias parecen desaparecer. Y no es demagogia lo que digo, sino una realidad.

Lo que pasa como dice el mismo René: “La necesidad de hacer algo real y verdadero es cada vez menos”. La gente prefiere aislarse, enrejar los barrios, meter candados, contratar sistemas de monitoreo antes de abrirse a lo real y lo auténtico que tiene la vida cuando no tiene tanto ropaje pesado y lento.

El documental muestra exactamente lo dicho anteriormente: una experiencia real y verdadera, sin artificios ni recursos efectistas. Las historias múltiples son consistentes y conforman una unidad discursiva fuerte. Y algo que no está demás decir, es que si el documental fluye muy bien, es por la naturalidad que trasmite René en todo momento. Uno lo ve y le cree. Tiene una expresión de bondad y de inocencia que se ve poco en el ámbito público.

Con respecto a las cuestiones más formales, la fotografía está trabajaba cuidadosamente, sin caer en una retórica muy metafórica y simbólica. Es sencilla y natural como su protagonista. Los productos musicales, fruto de cada viaje, expresan muy bien lo aprendido en cada lugar, logrando un sincretismo respetuoso y original.

Si hace 8 años, René me parecía una imagen prefabricada de la Industria Cultural con pinceladas rebeldes, hoy creo que es un artista que va in crescendo como le gusta decir y estoy seguro que no será la primera vez que se reinvente porque si hay algo que le incomoda al Residente es la tentación de quedarse cómodo en un lugar. Miren sino la trayectoria de Calle 13, que luego de 10 años de éxito con más de 20 Grammys en su carrera, en la cresta de la ola, disuelve la banda para emprender nuevos caminos.

Y si para ver este documental, ha sido necesario la disolución de Calle 13, justa ha sido la paga. René Pérez Joglar ha demostrado que a pesar de la diversidad cultural en el mundo, hay más razones para estar unidos que separados, y que el arte, en particular la música, nos devuelve ese aspecto sagrado del ser humano que nos invita a descubrir nuestra dignidad en esa libertad de darse al otro y juntos crear algo mejor que cuando estábamos solos y sin destino.

El paso del tiempo, el desgaste, la rutina y el amor…

FICHA TÉCNICA:

Título: Una noche de amor Título original: Ibídem Año: 2016 Director: Hernán Guerschuny Guion: Hernán Guerschuny y Sebastián Wainraich Fotografía: Marcelo Lavitman Protagonistas: Sebastián Wainraich y Carla Peterson País: Argentina

Calificación: 4/5

Dónde la veo: Netflix, recién publicada (septiembre 2018)

ADVERTENCIAS:

Nivel de spoiler: 1.5

Clasificación: +14

Ver el tráiler: Una noche de amor

Leonel (Sebastián Wainraich) y Paola (Carla Peterson) son un matrimonio con dos hijos que llevan 12 años juntos.  “El paso del tiempo, el desgaste, la rutina” le han ganado territorio a la emoción, la pasión y la espontaneidad.

¿Una noche de amor será suficiente para volver a encender esa relación? Todo hace pensar que no: la pareja amiga con la que iban a salir, se separaron esa noche; el restaurante reservado tiene una pésima atención; finalmente van a la discoteca pituca de la zona que Leonel detesta.

Esta comedia dramática (¿romántica?) plantea muy bien las tentaciones y las dificultades de una relación de pareja que llevan años juntos. Y no es que Leonel y Paola estén pasando por un mal momento, sino que simplemente, se han dejado ganar por sus deberes de estado como padres y han talado drásticamente su espacio como esposos.

Dramáticamente hablando, la película es consistente y esto es mérito de Hernán Guerschuny y Sebastián Wainraich, dos argentinos de origen judío que tienen oficio para comunicar. Guerschuny ya nos los mostró en su opera prima El crítico que tuvo una acogida aceptable dentro de la crítica. Wainraich lleva en la sangre su ser stand up y se ve claramente en los giros cómicos de la película. Un comediante que ha triunfado en radio y televisión, aunque su gran fracaso, lo repite constantemente él mismo, fue reemplazar a Guinzburg tras su fallecimiento. No dio con la talla de semejante conductor.

Ahora, muchos críticos coinciden que Wainraich no dio tampoco con la talla de actor, pero creo que ahí está jugando prejuicios por su oficio de Stand up y no nos damos cuenta que el personaje de Leonel ha sido construido a la medida del Wainraich de la vida real, y por eso, su actuación es funcional a la obra. El único momento flojo que veo de Wainraich, es la escena del auto, donde grita y toca la bocina.

Por el contrario, en Carla Peterson, encontramos una actriz más cuajada con mucho más registro actoral y es ella la que conduce nuestras emociones en los 90 minutos de la película. En un momento, nos hace reír pero al segundo, podemos tener un nudo en la garganta.

Esa versatilidad en contraste con lo cumplidor de Wainraich hace que Una noche de amor esté balanceada. No desbalanceada: Wainraich, Leonel, es el personaje gracioso (tiene oficio de stand up) con mil y una ocurrencias (exactamente lo mismo que aprecia Tincho Martínez de él) y Peterson, Paola, es la que lleva al extremo todo su ser precisamente porque su capacidad histriónica se lo permite.

Un elemento que parece no ser registrado en las críticas es cómo enriquece la argentinidad a la película: esas formas tan particulares de expresarse con un lenguaje que quizás para el resto de Latinoamérica puede ser considerado como grosero, pero que hace una relación más frontal y sin tantos filtros. Lo que evidencia una forma de ser, una forma de encarar la vida. La argentinidad como virtud en una película no es nueva pero puede resultar invisible. Muchas de las adaptaciones de películas y series argentinas en otros países, no tienen el mismo impacto. Lo hemos visto en Criminal (la pobre adaptación de 9 Reinas), Los simuladores mexicanos están por debajo de los argentinos, el mejor Corazón de León (no es una gran película) es la argentina con Francella, ninguna franquicia de CQC superó a la versión de Mario Pergolini y Cia, etc. En todos esos casos, la superioridad obedece a esta argentinidad que hace que la obra sea inimitable.

Volviendo a la dramaturgia, mi hipótesis es que si el drama funciona es porque en Leonel y Paola encontramos delineados esas dos grandes fuentes que Nietzsche hablaba en El nacimiento de la tragedia, y que son lo apolíneo y lo dionisiaco, es decir, una pulsión hacia la norma, lo correcto, el deber que es Leonel; y otra pulsión hacia la vida, la euforia que busca Paola.

Y es aquí donde podemos encontrar la resolución del conflicto al “paso del tiempo, el desgaste, la rutina”, la responsabilidad no puede subsumir al gozo, la paternidad no puede eclipsar la relación marital. Doce años de casados tiene que traer la consciencia que ya no somos adolescentes que podemos explotar -boom, boom- la noche, “24/7” como dicen ahora, pero tampoco, somos los abuelos que sólo tienen ojos para sus nietos. Estamos en todo el derecho (y el deber) de salir, divertirse, de estar solos sin la prole; porque de lo contrario, esa relación se deshidrata y muere.

“¿Para qué seguimos juntos? ¿Para qué? ¿Y si no tuviéramos hijos? ¿Qué haríamos? (…) ¿Seguiríamos juntos?” cuestiona Paola a Leonel. Éste es el derrotero de preguntas que muchas veces preferimos ni pensarlas porque como dicen algunos, la ignorancia es una bendición pero la felicidad, lamento pinchar el globo, es un estado consciente, lúcido y responsable. No para “ciegos”, negadores ni cobardes…

 

Atípico yo, atípicos nosotros, atípicos todos

 

FICHA TÉCNICA:

Título: Atypical Título original: Atypical Año: 2018 Creadora: Robia Rashid Producción: Jennifer Jason Leigh Producción ejecutiva: Robia Rashid, Seth Gordon y Mary Rohlich. Protagonistas: Keir Gilchrist, Jennifer Jason Leigh, Brigette Lundy-Paine, Michael Rapaport y Amy Okuda País: EE.UU. Duración de capítulo: 30 minutos

Mi calificación: 4.5/5

ADVERTENCIAS (1-5):

Nivel de spoiler: 0

CONTENIDOS (1-5):

Sexuales 1

Lenguaje grosero 2

Clasificación: +14

Atypical es una serie cómica de Netflix que va en su segunda temporada y es la historia de un chico de 18 años con problemas de trastorno del espectro autista que considera que está en edad óptima para asumir una relación amorosa.

Eso será el esqueleto de una trama más compleja que develará, superficialmente, el arduo camino que significa acompañar a una persona con problemas de sociabilización, pero más profundamente, las contradicciones del mundo normal.

La sola presencia de Sam Gardner (Keir Gilchrist) pone bajo sospecha el sentido de las cosas que diariamente asumimos sin cuestionarnos. Hechos y actos que calificamos como normales pero no los son tanto a la mirada inquisidora e ingenua de Sam.

Aquí ya podemos encontrar un primer mérito de la serie, a saber, esa capacidad especular de mostrar nuestras propias actitudes y reflexionar sobre ellas.

Porque esta serie no es sobre autistas y cómo tenemos que ser tolerantes con ellos. No, Atypical es un intento de sincerar nuestras intenciones más íntimas y ver cómo nos hacemos cargo de ellas.

Otro mérito de la serie es convertir la obsesión de Sam por los pingüinos y la Antártida en una reflexión sabia sobre la naturaleza humana pero sin pretensiones grandilocuentes ni moralinas explícitas.

Pasando ya a los méritos individuales, Robia Rashid, la creadora, no es una improvisada ni neófita en el asunto audiovisual, ha sido productora y guionista de exitosas series como ¿Cómo conocí a tu madre? (How I met your mother?), The Goldbergs,  Will & Grace, etc. y para esta serie, contrató a Michelle Dean, una especialista en autismo que ha trabajado en el Centro para la investigación y tratamiento del autismo de la UCLA. Este dato es importante saberlo porque una vez más, Rashid no está improvisando sino que ha querido retratar el autismo en su justa medida y a partir de ahí, crear una comedia que funciona muy bien por donde lo mires.

Keir Gilchrist (It’s Kind of a Funny Story -2010) es el protagonista de la serie y lo hace muy bien. Gilchrist ha comentado en entrevistas que la creadora de la serie, lo incentivó mucho que estudie sobre el autismo antes y durante la grabación de la serie, y eso se ve en la manufactura de su actuación: convincente, empático y verosímil.

Jennifer Jason Leigh, la madre de Sam, es una actriz afincada en el cine independiente y siempre una profesional tenaz que hace mucho trabajo de campo e investigación para crear sus personajes. Ella no sólo es parte del elenco sino la productora general de la serie. Es muy interesante la reflexión que, como evolución de su personaje, se hace sobre su actitud sobreprotectora de madre.

Ahondar en todos los personajes sería muy largo, pero creo que si la serie funciona es por el compromiso que han puesto todos en investigar sobre el autismo, y así no caer la caricaturización del síndrome y la superficialidad de la serie. Qué importante es profundizar en los personajes antes de hacerlos hablar, y es que si la construcción está bien hecha, ellos hablarán sin necesidad que les digan, ellos te dictarán la historia. Así es como funciona el buen cine, la buena narración audiovisual. Atypical es un ejemplo simple de esto y cala profundo en el espectador. Hace entender que en este mundo variopinto calificar de atípico o típico, normal o anormal, a una persona, tendría que ser un acto más cercano a la misericordia que al miedo que genera la discriminación y el odio porque como decía ya hace miles años, el Discípulo Amado: «En el amor, no hay miedo».

Ver el trailler: Atypical

 

La strada o esa promesa de sentido por llegar

FICHA TÉCNICA:

Título: La calle Título original: La Strada Año: 1954 Director: Federico Fellini Guion: Federico Fellini, Ennio Flaiano y Tullio Pinelli Producción: Dino De Laurentiis y Carlo Ponti Fotografía: Otello Martelli Música: Nino Rota Protagonistas: Anthony Quinn , Giulietta Masina y Richard Basehart País: Italia Duración: 104 minutos

Premios:

Premios del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York

Ganadora Mejor película en lengua extranjera

Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos

Ganadora Mejor película extranjera

Giulietta Masina, ganadora Mejor actriz extranjera

Premios Óscar 1956

Candidata al Oscar en 1956 en la categoría de mejor guion

Ganadora a la mejor película de habla no inglesa.

Festival de Venecia de 1954

Fellini ganó el León de Plata y fue candidato al León de Oro.

Mi calificación: ♦♦♦♦♦

ADVERTENCIAS (1-5):

Nivel de spoiler: 1

CONTENIDOS (1-5):

Sexuales 2

Violencia 3

Clasificación: +14

La Strada, que es el nombre que ha sobrevivido por encima del castellano La calle, es la quinta película de Fellini. Un clásico del cine, fundamental para cualquier amante digno del séptimo arte. Se enmarca dentro del neorrealismo italiano y nuevamente recurre a una de sus grandes tópicos como es el circo.

Ese circo que es la metáfora de la vida plena como aventura, viaje (interno/externo), precariedad, improvisación, humor, capacidad para reírnos de nosotros y de algún modo, ver el mundo con ese encanto del niño desde su butaca.

Fellini nos trae una conmovedora historia de una joven (Giulietta Masina) que es vendida por su madre a un artista ambulante (Anthony Quinn). Esto que parece un argumento de una lacrimógena película hindú, dista mucho de serlo y aquí, algunas razones para justificarme:

  1. Fellini cuando realiza esta película no era un novato y menos como guionista. En su espalda, ya tenía el guión de Roma, ciudad abierta, la obra maestra de Roberto Rossellini y un hito obligado, junto a Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, del neorrealismo italiano.
  2. En esta película, ya está en el equipo estable, el músico de Fellini, Nino Rota que no es palabra menor sino consideramos el clásico de El Padrino de Ford Coppola. La música de este film es un solo tema con algunas variaciones y como una tortura china, te taladra en todo momento y te impregna de esa melancolía del espíritu de Giulietta.
  3. Los actores Anthony Quinn, Giulietta Masina y Richard Basehart están hechos a la medida de sus protagonistas. De hecho, Fellini crea el personaje de Gelsomina pensando en su eterna esposa Giulietta.
  4. El aporte neorrealista no es irrelevante porque podemos ver a muchos personajes interpretados por no actores que ni siquiera llegan a la categoría de Ese criterio le da una naturalidad que extrañamos en el cine de hoy.

Podríamos seguir argumentando pero quiero dedicarles algunas líneas a los personajes principales:

  1. La protagonista Gelsomina es un personaje que sin mayor justificación en la historia, padece toda la violencia y el sufrimiento de una vida sin sentido. Sin embargo, en esa nueva aventura que es el show itinerante de su dueño, encuentra una fascinación por la strada y se va adaptando, paso a paso, a ella. La caracterización que le dio Giulietta Masina a Gelsomina no pudo ser mejor. Tiene una economía actoral que con mínimas expresiones que nos recuerdan a Chaplin, llena la pantalla y se gana el corazón del espectador. No hay en su rostro, lugar para el odio aunque sí, para la tristeza. Gelsomina lleva el ritmo de toda la película.
  2. El otro protagonista es Zampanó, interpretado por Anthony Quinn. Éste carga consigo, una vida bruta y despiadada que solo Gelsomina podrá cuestionarle. Su actuación es impecable y aporta mucho la rudeza de sus facciones.
  3. Finalmente, el Tonto interpretado por Robert Basehart. Él es el vitalismo de la película. La energía felliniana que siempre emerge en todas su películas. Es como un torrente de vida que lleva a todos cuanto se vinculan con él, al pie de un abismo de libertad que sólo salta el que se decide, nunca un empujón o manipulación. En ese sentido el “tonto” respeta el espacio de uno y acumula sabiduría de donde venga.

Tal vez, estamos ante una película donde no debe existir la distracción ni nuestros sentidos estar a media máquina. Porque La Strada es una película sencilla pero llena de sutilezas y símbolos sin tradición que construyen acaso un discurso de esperanza para esa Italia devastada de postguerra pero también, para este mundo también devastado de postmodernidad. Se presenta como una suerte de roadmovie donde personajes sin arraigo buscan echar raíces en tierras movedizas. Encontrar un sentido o un retorno en medio de la maleza que nos extravía. O recuperarlo a través de la lealtad al otro, por más adverso que la situación sea, e inclusive, aun cuando ese otro no corresponda semejante acto de nobleza. Para Fellini, la vida es dar, sin más…

Black Mirror: Cuando la mirada del otro me configura

FICHA TÉCNICA:

Título: Caída en picada Título original: Nosedive Año: 2016 Director: Joe Wright Guion: Michael Schur, Rashida Jones y Charlie Brooker Fotografía: Seamus McGarvey Música: Max Ritcher Duración: 63 minutos Protagonistas: Bryce Dallas Howard,  Alice Eve. País: Reino Unido.

Ubicación: Netflix

Mi calificación ♦️♦️♦️♦️♦️

ADVERTENCIAS (1-5):

Nivel de spoiler: 2

Contenidos:

Sexuales: 1

Violencia: 3

Clasificación: +16

Mira una escena.

Black mirror es una serie inglesa que de manera escalofriante nos retrata los peligros de una futura sociedad tecnocrática. Pertenece al género de ficción distópica y sus reflexiones son advertencias para el tiempo actual.

Si bien ya está en su cuarta temporada, quiero comentar un capítulo de la tercera, por lo bien logrado que está y si nunca viste la serie, Caída en picada (Nosedive) puede ser un buen comienzo.

Audiovisualmente, tiene dos buenos aciertos: una fotografía de Seamus McGarvey que está llena de luz y hasta sobreexpuesta en muchos momentos que da la sensación de un mundo celestial. En segundo lugar, la acertadísima música de Max Ritcher en clave minimalista pero con gran efecto dramático.

En cuanto la trama, se ubica en un futuro no muy lejano, en donde a través de nuestros dispositivos móviles, podemos calificar a cualquier persona que esté inserta en el sistema. (Actualmente, Uber tiene un sistema de calificación donde tanto el chofer como el pasajero se pueden calificar mutuamente, al punto que si el pasajero tiene un puntaje bajo, muchos choferes no le van a tomar el servicio).

Como buena ficción distópica, esto que apenas asoma hoy a través de Facebook, Instagram, Twitter, entre otros, la serie lo lleva al extremo. Al punto que presenciamos un mundo donde dependes de los likes para poder estar óptimamente dentro de la sociedad: sistemas de créditos, ofertas especiales, privilegios en servicios, etc. En este mundo, el influencer es el rey.

El argumento del capítulo es sobre Lacie Pound (Bryce Dallas Howard),  una chica obsesionada por estas calificaciones vacías que la hacen sentir viva socialmente. Ella sabe que mientras más popular, más posibilidades tiene de gozar el confort que le da la sociedad de consumo.

Sin embargo, detrás de esas estrellas que la califican sus pares, nada tiene consistencia y todo parece tan efímero como superficial. Así en medio de esta carrera por alcanzar la puntuación ideal, Lacie caerá hasta el infierno que esconde esta sociedad de apariencia y frivolidad.

La construcción dramática está tan bien hecha que nosotros como espectadores, sentimos la vertiginosidad de su caída y en un punto, nos hace reflexionar qué tan importante es la necesidad de vivir para el agrado del otro.

Sartre planteaba hace más 50 años cuando analiza el tema de la mirada, cómo ésta me configura como persona. Es decir, soy en la medida que soy visto. Aquí «soy» tiene una connotación valorativa, es decir, moral y psicológica. Valgo no por mi mismo, sino en la medida que soy siendo aprobado por otro. De ahí la tragedia de Lacie en este capítulo. Vivía pendiente de la aprobación externa y lo que ella pensaba sobre sí misma, importaba poco.

Finalmente, Lacie será desterrada al Este del Paraíso y es interesante ver cómo a partir de estar fuera del sistema, la libertad y la espontaneidad de vivir comienzan a aflorar. Fue, para Lacie, comprenderá más tarde, “como quitarse unos zapatos pequeños” (imagen que utiliza una camionera que la ayuda a llegar a su «destino» acaso existencial más que geográfico). Y es que al contrario de lo que podemos pensar, las redes sociales tal como lo vivimos hoy, achican nuestro mundo y nos aprietan existencialmente. Perdemos el valor del encuentro personal y nos conformamos con esa masa amorfa virtual que suple lo real. Y así, podemos advertirle a Lacie con Pink Floyd, lo siguiente:

Si vas a patinar

en el delgado hielo de la vida moderna,

arrastrando detrás tuyo el reproche silencioso

de un millón de ojos llorosos,

no te sorprendas cuando una grieta en el hielo

aparezca bajo tus pies.

(Pink Floyd – The thin ice)

Las redes sociales son ese delgado hielo de la vida moderna que en cualquier momento aparecerá agrietado bajo nuestros pies con amenaza de hacernos sucumbir.

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El Papa bajo la mirada de Wim Wenders

FICHA TÉCNICA:

Título: El Papa Francisco, un hombre de palabra Título original: Pope Francis: A Man of His Word Año: 2018 Director: Wim Wenders Guion: Wim Wenders y David Rosier Fotografía: Lisa Rinzler  Música: Laurent Petitgand Duración: 96 minutos Protagonista: Papa Francisco. Países: Francia, Alemania, Italia y Suiza.

Ubicación: Fuera de cartelera.

Mi calificación: ♦♦♦◊◊

ADVERTENCIAS (1-5):

Nivel de spoiler: 0

Contenidos:

Sexuales: 0

Violencia: 0

Clasificación: ATP

Ver el trailler: Trailler

Wim Wenders ha hecho un documental sin muchas pretensiones, pero con un objetivo claro: Mostrar al mundo entero que el Papa Francisco es una persona con los pies en la tierra y la mirada al cielo, a quien no le es ajeno los problemas del mundo sino por el contrario se involucra hasta embarrarse como lo hacía en sus tiempos en la Villa 31 de Buenos Aires.

De hecho, el documental empieza con un Cardenal Bergoglio en Plaza de Mayo animando a la gente a no perder la esperanza cuando los tiempos del cacerolazo mandó huir a De La Rúa por helicóptero. A partir de ahí, Wenders construirá la visión del Papa en un paralelismo con su inspiración pontífice, San Francisco de Asís.

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